En esta lectura me valgo de diferentes disciplinas y teorías referidas al discurso cultural, entendido en su sentido más amplio con el fin de facilitar la relación entre lo escrito y la imagen, de ahí lo que denomino discursos narrativos para intentar descifrar términos y conceptos para tratar un tema que usualmente se le atribuyen los calificativos de escabrosos o espinosos. Este tratar de deslindar, de precisar lo que es la pornografía, lo obsceno y lo erótico - sin caer en la seducción de una discusión estéril en la que se puede valorizar cada uno de ellos de manera positiva o negativa-, se transforma en una empresa ardua por el carácter huidizo, resbaladizo, en fin, lúbrico, de estos conceptos.
Mi lectura se refiere a tres puntos: en primer lugar, apelando a la autoridad del diccionario y la historia, definir en lo posible cada uno de estos términos que se diferencian de manera aparente, se desligan y al mismo tiempo se contienen en sí mismos. En el segundo punto trataré de plantear la posibilidad transgresora del uso de lo obsceno, lo pornográfico y lo erótico en discursos narrativos, en diferentes épocas, principalmente en textos producidos en los siglos XVI y XVII, así como representaciones pictóricas y, finalmente problematizar la posición de la mujer como objeto de la mirada masculina. la mujer es signo común de estos conceptos si comenzáramos por definir la pornografía etimológicamente. Derivada del griego porni (prostituta) y graphein (escribir), podemos deducir que pornografía es escritos o imágenes sobre prostitutas.
No hay fronteras o al menos no precisas que separan o acercan la producción de discursos en los que el tema del sexo está presente. Antes de tratar de precisar los conceptos sobre lo obsceno, erótico y pornográfico, voy a citar a Fernando Savater que escribe lo siguiente sobre la pornografía y lo obsceno:
...no es la categoría "pornografía" lo que define a lo obsceno sino la categoría "obscenidad" la que decide qué es pornográfico y qué no lo es. Puede haber obscenidad sin pornografía (en especial sin pornografía visual o hipervisual), pero no puede darse algo en sí mismo pornográfico sin previo dictamen de obscenidad. (14) 1
Sin poder escapar a la autoridad del diccionario, encontramos en la Enciclopedia Británica, en su más reciente edición en versión CD de 1997, que la pornografía se entiende como: "la representación de comportamientos o actitudes eróticas en libros, pinturas, fotos, películas, etc., las cuales tienen la intención de causar excitación sexual". Esto nos lleva a considerar que -dentro del proceso de comunicación-, hay un objeto que es visto (la mujer) y un sujeto que mira, lo que problematiza la posición de la mujer como objeto. Ahora bien, desde el punto de vista del control social y de la sexualidad, lo que se considera pornografía ha sido objeto de sanciones morales y legales, en la creencia que la lectura de discursos pornográficos tiende o puede tender a depravar y corromper a menores y adultos e impulsar a cometer crímenes sexuales. El problema para las autoridades a la hora de definir una obra como pornográfica radica en la definición de lo que es obsceno en el texto o partes del mismo.
Obsceno, siguiendo al diccionario, es lo que: "en general ofende el sentido público de la decencia". Y continúa el diccionario: "Su importancia social radica en la historia de la censura". Y aquí podemos agregar, la auto-censura, la disciplina y la educación prohibitiva a que estamos expuestos. Además de la censura, existen legislaciones para suprimir actos obscenos, especialmente la publicación de asuntos sexualmente explícitos o indecentes. Y concluye el diccionario: "La obscenidad como la belleza depende del ojo que mira. Esto indica lo difícil de una satisfactoria definición". Muchos países han adoptado leyes para la prohibición de materiales obscenos. La dificultad de la cultura autoritaria para el control radica, como hemos dicho antes, en que la operatividad de las prohibiciones funciona sin una clara definición de la obscenidad por cuanto varía de país a país y por el grado de permisividad en épocas y culturas (dentro de las occidentales).
Seguimos con lo erótico. Ya vimos que lo erótico es parte fundamental del concepto de lo pornográfico. Históricamente, dentro de la tradición judeocristiana, el sexo, lo sexual es considerado básicamente como un medio de procreación y lo que es solamente erótico (en las representaciones) ha sido visto, o es visto, como perverso e inmoral. Con la actual (hoy) proliferación y comercialización organizada e independiente de materiales eróticos, obscenos o pornográficos, lo cual a mi parecer resulta ser lo mismo, las consecuencias sociales se prestan aquí para un profundo debate. Aún más, con las facilidades de la tecnología (lo que era el libro en la llamada primera modernidad) lo obsceno se disemina como un placentero y libidinoso virus a través de la super-autopista de la información.
Ya ha quedado atrás el pornoteléfono. Ahora cualquier individuo puede navegar por las zonas erógenas de la pantalla del computador y además crear su propio escenario para ser visto, desde el inofensivo striptease hasta las más inimaginables acciones que la fantasía sexual puede brindar. Estamos en la era del higiénico sexo virtual, de la erotización virtual. Como afirma Phillippe Cueau en su libro, Lo Virtual: "los sistemas de visualización ación virtual proporcionan la ilusión de una inmersión de la imagen: se puede penetrar en la imagen virtual, desplazarse por ella e incluso interactuar de diversos modos con los seres sintéticos que la pueblan."
Aquí se plantea otro problema entre lo público y lo privado del cual hablaremos más tarde. Permítanme volver atrás para referirme a una historia de la pornografía en la cual se arguye que la concepción de ésta es muy reciente. Data de mediados del siglo XIX y para los eruditos encargados de la elaboración del diccionario Oxford, el término fue problemático. Walter Kendrick en su libro el museo secreto. La pornografía en la cultura moderna, de 1988, incluye la definición del Oxford English Dictionary de 1909. Luego de cincuenta años de trabajo llega a la P y su definición de pornografía, en su primera acepción: "procede de un diccionario médico de 1857, en la que dice: '1Descripción de la prostitución o de las prostitutas, en cuanto asunto de higiene pública." (19) La segunda acepción dice así:
Descripción de la vida, costumbres, etc., de las prostitutas y de sus clientes: de aquí la expresión o sugerencia de lo licencioso o de temas poco castos tanto en la literatura como en el arte. (20)
Licencioso y casto. Pareciera que la mayoría de la gente los utiliza para colocar en un grado de maldad y perversidad lo pornográfico y lo obsceno y "artístico" y "sutil", es decir casto, lo erótico. Pero como hemos visto (tal es mi propuesta para el debate) lo erótico, obsceno y porno, son representaciones que producen excitación sexual en el espectador, eufemisticamente: deleite. Y de aquí retrocedemos en el tiempo y vamos a los textos escritos y visuales producidos a partir del Quinientos en los que a pesar de la risa, la parodia, la carnavalización, la burla y el humor y dentro de la máxima horaciana de deleitar enseñando, producen pasajes sexualmente explícitos de naturaleza francamente pornográfica.
Años atrás lo obsceno, era parte de la cultural oral popular, traducida en poemas satíricos, burlas, parodias, actos públicos en los que lo bajo, lo escatológico, el cuerpo degradado, sus secreciones y el amor estaban sujetos a una permisividad por la ideología cultural. A partir de la racionalización occidental, del sentido precapitalista y de la intención unificadora de una cultura homogénea basada en presupuestos monárquico-señoriales y del control férreo de la mujer y de su sexualidad, la Iglesia, a través de sus aparatos represores intenta controlar lo que considera atentatorio al decoro y a la moral cristiana. La reforma católica será, con sus presupuestos higiénicos, económicos y de salvación de las almas, la institución abstracta que evitará la desviación étnica, social y por supuesto sexual. La mujer se debatirá entre la virgen, la esposa, la prostituta y la redimida, representada esta última, iconográficamente, en la figura de la Magdalena. (pecadora representada en la mayoría de los casos con un fuerte contenido sensual).
Como afirma Foucault en relación con los discursos obscenos:
Todavía a comienzos del siglo XVII era moneda corriente, se dice, cierta franqueza. Las prácticas no buscaban el secreto; las palabras se decían sin excesiva reticencia, y las cosas sin demasiado disfraz; se tenía una tolerante familiaridad con lo ilícito. los códigos de lo grosero, de lo obsceno y de lo indecente, si se los compara con los del siglo XIX eran muy laxos. Gestos directos, discursos sin vergüenza, transgresiones visibles, anatomías exhibidas y fácilmente entremezcladas, niños desvergonzados vagabundeando sin molestia ni escándalo entre las risas de los adultos: los cuerpos se pavoneaban. (La vo1untad del saber, 9)
Y continúa Foucault afirmando que en el siglo XVII se producen:
...las grandes prohibiciones, valoración de la sexualidad adulta y matrimonial únicamente, imperativos de decencia, evitación obligatoria del cuerpo, silencios y pudores imperativos del lenguaje;... (160)
Pasemos ahora a leer unos pequeños fragmentos de textos que explicítan, unos más otros menos, lo que he venido diciendo.
Ya en los albores del siglo XVI, en La Celestina,2 se presenta la imagen de la mujer en términos culturales y sociales con un énfasis especial en la riqueza. En el diálogo entre Calisto y su sirviente Sempronio, Calisto expresa las virtudes de Melibea y al enumerar sus atributos de belleza -propios del canon de la época-, dice lo siguiente:
"Las manos pequeñas en mediana manera, de dulce carne acompañadas, los dedos luengos, las uñas e ellos largas y coloradas, que parecen rubíes entre perlas." (101) Y continúa Calisto ahora describiendo el pubis, un pubis cubierto: "Aquella proporción que veer yo no pude, no sin dubda por el bulto de fuera juzgo incomparablemente ser mejor que la que Paris juzgó entre las tres diesas." (101).
En otro pasaje, Celestina en su intento de comprar la voluntad del otro sirviente de Calisto, Pármeno, a través de favores sexuales de una de sus pupilas, da en el clavo al poner en evidencia la ansias sexuales de éste. Luego de alabar las virtudes del goce sexual, le dice:
Llégate acá, putico, que no sabes nada del mundo ni de sus deleytes. ¡Mas rabia mala me mate, si te llego a mí, aunque vieja! que la boz tienes ronca, las barvas te apuntan; mal sosegadilla deves tener la punta de la barriga.
-Pármeno: ¡Como cola de alacrán!
-Celestina: Y aún peor, que la otra muerde sin hinchar, y la tuya hincha por nueve meses. (118)
La vieja alcahueta se permite de manera directa referirse a las actividades sexuales. En el diálogo con Pármeno, Celestina le aconseja el regocijo de las descripciones de las caricias amorosas como un elemento más del juego erótico:
El deleyte es con los amigos en las cosas sensuales, y especial en recontar las cosas de amores y comunicarlas. "Esto hize, esto otro me dixo; tal donayre passamos, de tal manera la tomé, assi la besé, assí me mordió, assí la abracé, assí se allegó. ¡O qué habla, o qué gracia, o qué juegos, o qué besos! Vamos allá, bolvamos acá, ande la música, pintemos los motes, cantemos canciones, invenciones, justemos ¿qué cimera sacaremos o qué letra? (126)
En otro episodio, cuando Celestina lleva a su casa a Pármeno para que se acueste con Areúsa, la vieja descubre su atracción
homoerótica hacia Areúsa y goza con el placer de contemplarlos en el acto sexual. Celestina al ver a Areúsa desnuda en la cama se goza con su vista: "dexame mirarte toda a mi voluntad, que me huelgo" (202). Luego al decirle Areúsa que le duele el vientre, Celestina comienza a acariciarle diciendo:
¡Bendígate Dios y el señor Sant Miguel Angel, y qué gorda y fresca que estás; qué pechos y qué gentileza!... ¡O quién fuera hombre tanta parte alcançara de ti para gozar tal vista! (202)
Y más tarde al ver a Pármeno y Areúsa en la cama dice:
"Quedaos a Dios, que voyme solo porque me hazes dentera con vuestro besar y retoçar, que aun el sabor en las enzías me quedó; no lo perdí con las muelas." (208) (énfasis añadido) 3.
En 1528 se publica en Italia La Lozana Andaluza de Francisco Delicado. En esta novela dialogada se narran las actividades de una prostituta en Roma. La Lozana, se sumerge en el mundo de la prostitución con éxito por sus atributos sexuales. Como en casi todas las narraciones de este tipo hay explícitas escenas de actividades sexuales. Ya desde muy niña La Lozana siente una especial predilección por el sexo. Luego de su viaje de España a Italia, Lozana se conecta rápidamente con el ambiente prostibulario romano y cuenta lo siguiente a unas paisanas españolas:
Yo era la mayor; y fui festejada de cuantos hijos de caballeros hubo en Córdoba, que de aquello me holgaba yo. Y en esto puedo jurar, que desde chiquita me comía lo mío, y en ver hombre se me desperezaba, y me quisiera ir con alguno, sino que no me lo daba la edad;" (49) (énfasis añadido)
Lozana confiesa sus deseos sexuales al contar que le "comía", es decir le picaba, le ardían sus genitales.
En el mamotreto XIV, Lozana ha conseguido un sirviente joven, Rampín. Van a la cama y ante las insistencias de Rampín y las reticencias de Lozana, quien dice que es virgen, Rampín insiste. En ese juego de sólo unos besos que le permite Lozana, Rampín le pide que se deje penetrar. Lozana al sentir el miembro erguido del sirviente dice:
Por una vuelta soy contenta. ¿Mochacho eres tú? Por esto dicen: "guárdate del mozo cuando le nace el bozo". Si lo supiera más presto soltaba las riendas a mi querer. Pasico, bonico, quedico, no me ahinquéis. Anda conmigo, ¡por ahí van allá! ¡Ay qué priesa os dais, y no miráis que está otrie en mis pensamientos sino vos! Catá que no soy de aquellas que se quedan atrás. Espera, vezaros he: ¡ansi, ansi, por ahí seréis maestro! ¿Veis cómo va bien? ... En el coso te tengo, la garrocha es buena, no quiero sino vérosla tirar. Buen principio lleváis. Caminá, que la liebre está chacada. ¡Aquí va la honra! (74-75)
Y continua Lozana en su goce y enseñanza de cómo obtener más placer: "Aprieta y cava y ahoya, y todo a un tiempo... ¡ Agora, por mi vida que se va el recuero! 4 ¡Ay amores, que soy vuestra muerta y viva!11 (75) Seguidamente lozana piensa sobre su placer y hace partícipe al lector que va recreando la escena:
-¡Cuánto había que no comía cocho! ... Este tal majadero no me falte, que yo apetito tengo dende que nací.... En mi vida vi mano de mortero tan bien hecha. ¡Qué gordo que es! Y todo parejo.... La habla me quitó, no tenía por do resollar. ¡No es de dejar este tal unicornio!" (75)
En 1540 aparece un texto que inaugura la seudo autobiografía picaresca, El Lazarillo de Tormes. En este texto como en otros de materia picaresca y cortesana aparecen elementos que permiten hablar del carácter sexual transgresivo de sus personajes. Aparte del acomodo que realiza al compartir su mujer con una figura eclesiástica importante, lo que significa ya un elemento transgresor paródico, en el Tratado Cuarto -un párrafo muy corto-, Lazarillo insinúa con una economía lingüística admirable, el carácter libertino del fraile a quien sirve, al que deja por -entre otras cosas-, "algunas cosillas que no digo". Harry Sieber sugiere, en el análisis del Lazarillo, la iniciación homosexual del personaje con el fraile de la Merced.5
En La hija de la Celestina, (1612) de Salas Barbadillo, todos estos elementos aparecen, problematizándose el papel de la mujer en la sociedad, debatiéndose entre la imagen de la virgen, esposa y prostituta. La hija de la Celestina es la historia de una mujer de origen degradado que utiliza su capital sexual como inversión económica. Montúfar, esposo de Elena, protagonista de esta novela, para vender mejor a su esposa, la publicita para conseguirle amantes que produzcan dinero. Cuenta el narrador: "alababa a su mujer con peregrinos hipérboles, tanto, que por su relación quedaban enamorados." (916)
En Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, (1600), el personaje conoce el pingüe negocio de ser marido cornudo. Dentro de la ambigüedad del sermón y la narración, Guzmán cuenta:
Yo sabía ya lo que pasaba en la corte. Había visto en ella muchos hombres que no tenían otro trato ni comían de otro juro que de una hermosa cara y aun la tomaban en dote; porque para ellos era una mina, buscando y solicitando casarse con hembras acreditadas, diestras en el arte, que supiesen ya lo que les importaba y dónde les apretaba el zapatillo. (II42)
Esta forma de vender a la mujer llega a extremos gráficos en esta novela. Guzmán sabe al interés que Gracia -su esposa-, podía despertar en los amantes:
¡Qué fuese yo tan ignorante que, ya que pasaba por semejante flaqueza, viniese por interés a dar en otra mayor, loar en las conversaciones en presencia de aquellos que pretendían ser galanes de mi esposa, las prendas y partes buenas que tenía, pidiéndole y aún mandándole que descubriese algunas cosas ilícitas, pechos, brazos, pies y aun y aun... -quiero callar, que me corro de imaginarlo- para que viesen si era gruesa o delgada, blanca morena o roja' (II 457) (énfasis añadido)6
El negocio del entretenimiento y el deseo, es una forma de empresarial en la que es necesario tener una actitud pragmática. Saber jugar las cartas del disimulo en una situación de deshonra.7
Así mismo esta novela contiene elementos homoeróticos como lo señalan Carlos Rodríguez Matos en El narrador pícaro: Guzmán de Alfarache, y Benito Brancaforte, entre otros en su libro Guzmán de Alfarache ¿Conversión o proceso de degradación?, 8
Dentro de la iconografía del período aparecen también subliminales representaciones de la sexualidad y sus modalidades. Janis A. Tomlinson y Marcia L Wells, analizan las implicaciones homoeróticas en la representación pictórica de Murillo y su relación con el lazarillo de Tormes en "Picturing the Picaresque: lazarillo and Murillo's Four Figures on a Step".9
En la literatura del período existen más referencias a las relaciones homosexuales. En El buscón, Don Pablos describe con tono satírico y escatológico a los homosexuales que están en la cárcel. 10
La condenación de la Iglesia a las relaciones entre sexos iguales, están en las doctrinas de los agustinos y Padres de la Iglesia ya en el período medieval quienes clasificaron la homosexualidad:
...as illicit form of lust (luxuria), contrary to nature, likely to consign its perpetrators to the fines of Hell. All forms of homoerotic relations were indiscriminately labeled as sodomy (sodomía) and were regarded in canon law and theology as the most heinous of sins, comparable to homicide. (Michael Goodich, The Unmentionable Vice: Homosexuality in the Later Medieval Period, IX)
En La sabia Flora malsabidilla de Salas Barbadillo (1621), 11 podemos ver una escena de homoerotismo entre dos cortesanas. Flora y Camila -personajes de esta novela dialogada-, a la hora del almuerzo mandan a cerrar todas las puertas de la casa:
Cerradme hasta las puertas de la calle; y v.m, señora Camila sosiéguese, por mi amor, que ha de ser hoy mi huéspeda. Vuelvo á decir que se cierren todas las puertas y ventanas, y nosotras retirémonos á la pieza de enmedio, porque allí, aunque se haga más ruido, no se oye en la calle. (316)
A partir de este momento se producen una serie de episodios cargados de erotismo. En un festivo regocijo, Flora y Camila mezclan al exceso del deleite de la comida, lo erótico. Debajo de las expresiones de placer por la comida, subyace un fuerte carácter erótico que se explícita aún más con la llegada de Claudia, que es un hombre que entretiene a Flora y Camila en un continuo juego de equívocos y que funcionará (Claudia/ Claudio/ Federico) como personaje que será clave en la trama de la novela. En una habitación llena de luz, con ventanas a jardines interiores, Flora y Camila se solazan con la vista y el gusto de la comida. Camila exclama: !¡Oh, que buen melón, qué dulce! Ignorantes andan los poetas en no comparar el gusto y el deleite de los amantes á un melón como éste." Y más adelante: "la cara deste torrezno y la del capón que viene á su lado me enamoran mucho" (316-317). Y continúa Camila deleitándose con la comida, siempre en un doble sentido:
¡qué verduras, que tocino, qué buena pierna de carnero, qué gentil lomo de vaca! Esto que está deshecho parece gallina y aquellos pedazos son lengua que, aun aquí dividida, habla maravillosamente (317)
La relación entre Camila y Flora se erotiza aún más cuando Flora se arroja agua en los senos, lo que hace exclamar a Camila con gran excitación:
¡Jesús, Jesús, y qué grande golpe de agua!...... ¿Qué es esto? ¿Estáis loca? ¿Segunda vez os le echais á pechos? Vos debéis de encenderos; á fe que es grande el fuego donde aun tanta agua parece poca. (318).
Flora le pide que venga todos los días a refrescar su pecho ardiente y como postre del festín le promete el placer de una prima suya: "agora que están levantados los manteles, os tengo de servir el mejor plato: veréis una prima mía [Claudia/Claudio] que, cantando con mil gradas, sabe decirlas y aun hacellas" (318). A lo que Camila se apresura a decir: "Hacedla que venga luego donde, regalándome yo con su vista, me halague con escucharla, y la pague con besos y abrazos el precio debido á sus acentos dulces". (318-319)
El lenguaje erótico y las sugerencias de una atracción sexual entre Flora y Camila, el juego sensual de éstas permite poner en evidencia las posibilidades transgresivas sexuales que, a pesar de las estrictas prohibiciones y castigos en la época, era una costumbre conocida en la gente dedicada al placer en las cortes.12 Flora hace una referencia al lesbianismo y la homosexualidad al advertir a Camila que su prima no se permite ciertas caricias y familiaridades entre mujeres:
Adviértoos, amiga, que en ninguna manera se consciente hacer estos regalos que unas mujeres usamos con otras, porque tiene condición esquiva, aunque muy cortés, y seguiríase desto quedar todas con disgusto, y yo con la mayor parte. (319)
Todo este juego de ambigüedades genéricas sexuales, nos lleva a pensar que Salas Barbadillo transgrede no sólo los bordes genéricos en la literatura sino también traspasa los limites permisibles en la época al crear el juego de equívocos, poniendo en entredicho las actitudes sexuales de los personajes, todo esto para revelar el estado de cosas en la sociedad de su tiempo. 13
Entonces, nos planteamos la pregunta: ¿en estos textos donde predomina lo visual, se pretendía describir algo que era permitido por la sociedad, o por el contrario era una transgresión a la norma y por consiguiente al control ideológico y de la sexualidad?
Uno de los mecanismos de control social fue la prohibición de libros, o al menos partes de los textos, que la censura consideraba que atentaban contra la ideología dominante. Y no solamente la censura funcionaba de esta manera. Existía también la prohibición implícita de la lectura -sobre todo a las mujeres-, a pesar de la enorme cantidad de lectores. A partir de lo que se ha denominado la primera modernidad, el libro es un artefacto tecnológico que debe ser muy bien vigilado por la cultura autoritaria y católica de Europa, especialmente de España. El temor a la lectura privada se basaba en las posibilidades transgresoras por la reflexión íntima y re-creación de las fantasías del lector. Esto lo explica muy bien un hombre de la época, Cervantes. No es gratuito que Cervantes, en clara oposición al teatro público que reforzaba la ideología autoritaria, apelando a ese "desocupado lector", escribiera sobre sus Comedias y Entremeses nunca representados, los cuales contienen elementos erótico-jocosos, que sus piezas están escritas "para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula o no se entiende cuando las representan". Tal lector tiene en su solitaria lectura, mayores posibilidades de recrear y dar vuelo a su imaginación escenas que explicitan comportamientos obscenos y/o que transgreden los postulados de la cultura oficial.
Como hemos visto en los textos narrativos y como se puede comprobar al mirar pinturas desde el siglo XVI, la mujer es el objeto de la mirada masculina, sobre todo las representaciones de la mujer desnuda o con accesorios que contribuyen, como una segunda piel, a impulsar el deseo y el placer del que mira. En la obra, La Venus de Urbino, de Tiziano, vemos en primer plano una mujer que nos mira incitandonos a ser mirada. Recostada en un divan, en una actitud de espera, sus ojos que nos observa, hacen que dirijamos nuestra mirada hacia su pubis, desprovisto de vellosidad, que es acariciado - y no tapado-, y si miramos con atención la languidez de su rostro, la leve sonrisa de placer y la brillantez de sus ojos, convierte al espectador en voyeur, excitando su deseo sexual ante la visión de una mujer desnuda en el acto de la masturbación. ¿Estamos ante la presencia de un objeto de placer que despierta las más recónditas fantasías? ¿qué diferencia existe entre esta tela y una fotografía en la que la mujer es objeto de la mirada masculina? Podemos problematizar el asunto si el espectador es una mujer, o ¿si por ser considerada una obra de arte canónica no entra en la categoría de lo obsceno y pornográfico? No tengo una respuesta. Pero se podría pensar que no hay diferencias entre esta Venus que se acaricia obteniendo placer sexual y una actriz pomo que se muestra e invita al espectador a gozar y compartir el placer a través de la mirada.
Gilles Néret, quien escribe los ensayos del libro Twentieth Century Erotic Art, afirma que el cuerpo de la mujer: "ha sido transformado en una imagen esquemática, se ha simplificado, alargado, aplanado, hinchado y reventado. Se oscila entre la delgadez y la gordura, entre el monstruo y la bestia "(11) Esta afirmación nos lleva a pensar que el ensayista concibe el cuerpo de la mujer como objeto. Nerét continúa con una aseveración que en lugar de liberar ese cuerpo, lo limita, apelando al erotismo:
Solamente el erotismo puede preservar la imagen de la mujer de esas metamorfosis kafkianas; mediante el erotismo se la mantiene dentro de los limites que marcan las diferencias entre lo animal, lo vegetal y lo mineral. (11) (énfasis añadido)
Esto se puede ver de modo problemático si se concibe ese mantenerse dentro de tales limites a través de la erotización del objeto del placer y de la mirada que cosifica la mujer. Así, como arguye Annette Kuhn en relación a la imagen pornográfica y la apelación al espectador:
...el cuerpo de la mujer queda convertido en espectáculo y la puesta en escena de las representaciones del cuerpo de la mujer cosificada de varias formas tanto para provocar la mirada del espectador como, en el mismo proceso, su exitación sexual. (127)
Ahora bien, podemos problematizar el asunto aún más cuando el objeto de la mirada es un hombre desnudo fotografiado en poses que son explícitamente sexuales, lo cual es obsceno desde el punto de vista de la cultura ideológica y autoritaria. Para terminar, dejando esas interrogantes voy a citar a Ballard que al referirse a su novela Crash dice lo siguiente:
El amasijo de hierros retorcidos en los diarios holocaustos automovilísticos, es una metáfora total de la sociedad contemporanea ... y la sensualidad asociada al delirio tecnológico se transforma en pornografía, la cual, en cierto modo es la forma narrativa más interesantemente política, pues muestra cómo nos manipulamos los unos a los otros de la manera más despiadada